Quizás sería pertinente empezar indicando quien soy y por que estoy haciendo comentarios sobre sus fotos. Fui instructor en el CIAF por varios años en la época de Tri-X, químicos, frascos y control de temperatura y tiempos. Desde 2001, fui a Colombia y regresé a Ecuador a mediados del 2006. Marcelo me invito a participar en los cursos en el Valle, sin embargo estaba a punto de salir para Afganistán, donde me encuentro ahora. De todas formas, me invitó a mantener los manos en la masa mediante comentarios sobre las fotos presentadas. Me gustó la idea y ahora, después de acomodarme un poco aquí en el sur de Afganistán, voy a empezar.

También puede ser relevante mencionar algunos de mis conceptos personales sobre la fotografía y aspectos de mi punto de vista, que están detrás de mis comentarios. Yo, gringo, de personalidad algo reservado, viviendo y trabajando en el exterior encontré en la fotografía una forma de liberarme de mi normal reticencia y entrar en una relación de comunicación, comprensión y empatia con otras personas. Empecé a ver mejor, a pensar en luz, formas, figuras y texturas, y, hasta, a veces, ciertas nociones de composición. Y me fascinaba el cuarto oscuro; podría pasar horas allá, tratando de sacar la imagen que tenía en mi mente. Ansel Adams dijo “no hay nada peor que una imagen brillante de un concepto vago.” Yo creo en la inversa: no hay nada peor que una imagen vaga/mala de un concepto brillante, porque representa perder un momento no recuperable.

El otro día salí de la ciudad de Lashkar Gah en primer viaje al campo para ver un proyecto de construcción de una vía empedrada. (Para eso, tenemos tres expertos Bolivianos enseñando la técnica de vías empedradas). Por motivos de seguridad, los tres extranjeros y tres nacionales fuimos en 4 vehículos blindados al máximo, unos 10 “tiradores” con sus Kalishnikovs y AK’s, un medico de emergencia, y puestos chalecos antibala de 12 kilos. Bastante incomodo en todos los sentidos. Lleve mi cámara. Uno sale con bastante trepidación, no se si el sudor que sentía era por el chaleco o por nervios.

Bueno, al llegar al sitio había un grupo de trabajadores y unas personas de la comunidad, baje del vehiculo (después de que los tiradores habían asegurado la zona) con cámara colgando. La zona es desértica, sol fuerte, cielo azul inmenso, la gente en ropa tradicional, turbanas en la cabeza, colores… y las caras, la historia de 25 años de conflicto escritas allá, de sospecha e interés en ver esta manada de gringos llegar. No pude resistir. Después de hacer unas introducciones y traducir el español de los Bolivianos a los gringos (imagínate, traduciendo español al ingles en el desierto de Afganistán), dejé el “briefing oficial” y fui a conversar con los trabajadores, sentándome con ellos en la vía, preguntando y preguntando (vía mi interprete) y tomando fotos, gran angular en sus caras mientras hablábamos. Los gringos oficiales con sus P&S’s volteando a escondidas a tomar fotos desde distancia y arriba. En fin yo feliz, ya no pensaba en el peso del chaleco ni en los tiradores asegurando el perímetro, como dicen. La cámara era mi entrada, aunque transitoria, en la vida de los afganos. Eso es la oportunidad que la fotografía me ha regalado. Ayer envié las fotos a la gente allá, impresos en 8x10. Los bolivianos me cuentan: “David, hubieras visto la alegría de ellos al ver sus fotos. No creían que eran para ellos, que ibas a cumplir la promesa.” Eso es la fotografía para mí.

Contrapunto. En mis primeros días en Kabul, antes de ir al sur, pregunte a mi chofer-guardaespalda si era posible caminar por la ciudad y tomar fotos de la gente o si era problema. Me dijo: “si se puede, los mendigos y discapacitados están acostumbrados a que los extranjeros les toman fotos. A Uds. les gusta tomar fotos de ellos, cierto?” Me quitó el entusiasmo y puse la cámara en la bolsa.


David Flood

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